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  • Miguel Esteva Wurts

tapabocas(2)



Muy limitaditos de mente los politiquitos (y demás) quienes insisten en querer ser diferentes argumentando que el uso del tapabocas cuartea sus libertades. Muy. Limitaditos. Increíble que siga siendo tema. Increíble. ‘Sad, so sad’ diría él que ya urge se convierta en ‘ex presidente’ de acá.


Estoy sentado en la terraza, intentando escribir. Trabajo en la mesa roja, esperando a que las musas me muestren el camino. Las visualizo ondulando alrededor mío, riéndose de mis intentos, vestidos blancos flotando con el viento, cabellera larga escurriéndose por entre sus hombros, mofándose. Pero no me nace nada. Quizá lo esté forzando demasiado, pienso. No sé, chance. Quiero escribir algo en contra de todos estos politiquitos limitaditos que insisten en no cubrirse nariz y boca con un tapabocas, un vil Kleenex venido a mas. No por ellos, ellos me valen, que estiren la pata. Total. Su decisión. Politiquitos van, politiquitos vienen. No, escribiría por quienes están en riesgo sin deberla ni temerla por esa soberbia: mi Gusano, mis papás, mis suegros; por todos quienes murieron (mueren) ahogándose solitarios en una cama de un nosocomio alejados de todos sus seres queridos; por los que están en el hospital buscando respirar, mantenerse respirando; por los médicos, las enfermeras.


Todos protegemos a alguien. Tampoco no es tan complicado darse cuenta.


No tiene nada que ver con libertad, esas son sandeces.


Tantito egoísta valorar más tu “libertad de usar o no un trapo semi cubriéndote la cara” que las vidas de los demás. Tantito egoísta nomás.


Pero nada me nace, y las musas, nueve son ellas, se ríen, alejándose sin siquiera despedirse, y aprovechan que al rayo del sol hace un calor invernal bastante sabroso para tenderse cuan largas son entre las miles de hojas que caen del nogal cada otoño y que nos llevan a discutir, a AnaP y a mi, de que algún día tendríamos que tirar el árbol ‘por sucio’, aunque la verdad es que no nos atreveríamos: lleva bastante más tiempo aquí que nosotros, estará acá hasta cuando nosotros ya no estemos.


AnaP se fue a cerrar tratos de otra casa, y yo acá, hurgando, viendo qué demonios, enojándome solito. En días como hoy debo aprovechar, pienso, avanzar peones, como decía cuando jugaba ajedrez cuando no veía una movida, dejar de ofuscarme con esos politiquitos limitaditos que solo aprovechan estos pleitos fútiles para validar su existencia, intentando esconder su falta de imaginación con pseudo indignaciones y pleitos trillados.


Rosita se pasea alrededor mío. Busca dónde echarse, anda con ojos de no aguantar más el sueño.


Chance al rato pueda verter mi furia en contra de los limitaditos, pero ya pronto regresa Nico y en un rato saldré a recoger a Gusano. La tarde ya se me vino encima y no sirve seguir enojado.

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