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  • Miguel Esteva Wurts

jornadas!

No por minimizar, claro que no, pero andamos todos dentro de esta macabra lancha y una de las consecuencias de acá, en ésta su casa, son las “jornadas de orden”. Digo jornadas… fue ayer… en la tarde... después de comer.

La primera víctima fue el cajón de chunches en la cocina. Todo lo que no pertenecía, se aventaba allí. Busca en el cajón de chunches, decíamos cuando algo no aparecía. Nunca aparecía nada. Ahora el cajón parece jipi vendido al sistema: todo guardado en cajitas y recipientes, empezando por cinco cortaúñas -cuatro declarados oficialmente como extraviados- hasta conectores, pilas y cables para todo tipo de aparatos. Las ligas de hule, pervertidores objetos que vivían enredados con lápices, plumas, cerillos y dados, ahora habitan comunas separadas. Aquí, nada de union libre. Los trapos usados para cargar trastes calientes (“lalos” en la casa, no sé en la suya) ocupan su espacio propio sin inmiscuirse con los manteles como antes lo hacían… aprovechados. Las jornadas no se detuvieron en el cajón de chunches. Otras áreas fueron devoradas con afán de poner orden cuál promesa de campaña: “Orden” el lema. El closet de blancos, ejemplo del antaño desborde, ahora ya está catalogado, clasificado… ordenado pues. Las sábanas para las camas tamaño twin en un montón, las colchas dentro de su cubiertas de plástico, las fundas en una sola columna, los sleepin’ por separado. Ya no hay toallas desperdigadas, ahora todas están dentro del closet del baño de abajo, esperando su llamado a secar. Las almohadas, antes apretujadas entre cables del modem, ahora duermen plácidas, acomodadas cómo Morfeo manda. Todo cabe dentro de un jarrito, me sonríe AnaP feliz. Logró en una tarde lo que yo no hice en seis años. No extrañaremos las horas perdidas buscando naipes, plumones… cortaúñas. Si tan solo fuera tan factible ordenar “mi cerebro”.

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