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  • Writer's pictureMiguel Esteva Wurts

de llamadas, marchas y faraones


Hace rato, poco pasadas las siete, marqué a casa de mis papás.


“Tu madre está dormida, cayó como tabla” me avisó mi papá apenas contestó el teléfono. Es poco usual que él conteste. Generalmente, cuando hablo, es mi mamá quien responde, quien acomoda el teléfono entre ellos, apunta la cámara del aparato al techo, y si hay suerte, vislumbro la frente de alguno de los dos asomándose de vez en cuando por la pantalla.


En aquellas conversaciones, las participaciones de mi papá se limitan a preguntar acerca del estado de la salud de la familia entera, a comentar uno que otro chisme. Pero ayer mi mamá estaba dormida, así que cuando mi papá contestó el teléfono, me tocó ver muy de cerca su oido interno. De haber estudiado otorrinolaringología, platicaría acerca de la salud auditiva de mi jefe, pero siendo que no, me limité a ver mi pantalla solo de vez en cuando porque la verdad es que para mi, un tímpano es igualito al que le sigue.


“Me quedé dormido como hora y media cuando regresamos, pero ella prefirió no descansar” me dijo mi papá.


Mi mamá no cree en eso de tomarse siestas. Mi jefe no tiene bronca con tomarse siestas cuando sea necesario. Cuantas sean que se requieran.


“Para que te digo que no, pero sí que nos cansamos” agregó mi papá, “caminamos seis kilómetros y fracción”.

Ha de haber sido mi hermana quien le compartió el detalle de la distancia recorrida. Él lleva tiempo queriendo comprarse un ‘aparato de esos’ que le midan la distancia que camina todos los días, pero a sus ochenta y casi siete años, él y la tecnología no son uno mismo.


“Tu madre hace rato cayó cual fardo” me confirmó antes de entrarle al chisme. Pedro mi primo, y yo, decidimos que mi papá es una de las personas más enteradas de todo el país con respecto a los ires y venires de quien sea, así que siempre tiene un acervo importante de noticias. Solo es cosa de escarbar para sonsacárselas.


Poco antes de las doce del mediodía, mi madre me envió una foto de su caminata, una selfie en plena Alameda, ambos asomando su cara debajo de sus sombreros entre un mar de rosa y de pósters defendiendo lo que queda del INE y a la frágil democracia en México. Mi hermana nos envió otra fotografía, mis papás sentados en una banca tomándose un break, y luego una foto donde circulan ya de regreso sobre Reforma, montados en un bici taxi al que mi Papá describió como un auténtico cafre. "Todo en aras de proteger la democracia" suspiró.


Ya luego, el actual presidente y sus minions tacharán a mis papás de ser conservadores y corruptos, de que sus voces no cuentan ni deben ser escuchadas, decidiendo por nosotros cuales voces merecen audiencia, cuales se quedan fuera de los oídos reales, esas orejas resguardados por las vallas que protegen el Palacio Nacional para que sus habitantes no escuchen mas que las palabras que quieren escuchar.


Nosotros acá no caminamos. Nuestra marcha se limitó a estar parados afuera del Consulado Mexicano en San Antonio, gritando consignas a favor del INE, entonando el himno mexicano una y otra vez, siendo observados y grabados por las cámaras montadas alrededor del edificio. De habernos formado en hileras, hubiéramos sido el orgullo de la Sister Ellen del Junipero cuando a microfonazos nos alineaba en primaria a hacerle los honores a la bandera los lunes.


Ni como negarlo, nuestra marcha fue bastante fifi, pero por lo menos éramos muchos más de los de mi marcha de noviembre pasado.


Como doscientos, alguien contabilizó. Doscientos de los que tuvimos la opción de mudarnos acá, los que nos vinimos porque pudimos hacerlo, pensé. A la marcha no nos acompañaron esos mexicanos —que son la mayoría— de los que no tuvieron de otra mas que huir del país y cuyas desesperadas remesas se presumen como logros, esos mexicanos desplazados cuyas familias fueron —y son— asesinadas, destruidas y divididas por la necia guerra contra el narco, por la pobreza extrema, por las diferencias sociales, por la falta de educación básica, pero cuyo status ni seguridad ha sido mejorada por el gobierno del actual presidente.


Es un honor estar con él, repiten. Chance, pero igual se escaparon a este otro lado del río, donde cuando menos existe la ilusión de darles una mejor oportunidad a sus hijos.


Pero en nuestra marcha que no fue marcha, esos mexicanos no aparecieron. O estaban trabajando, o descansando o simplemente están hartos de jamás ser escuchados.


Alrededor del Consulado, en medio de quiubos, de cuanto tiempo sin vernos caray, de consignas, de cantadas, de ¿cuando nos vamos a comer?, un cuate se paró frente al grupo a gritar de que él era de “frena” y que nos representaba a todos y que si dios y la manga del muerto, pero apenas empezó que el grupo entero se puso a echar porras para silenciar sus palabras.


Reemplazar un sistema autoritario con otro no es la idea en una democracia.


AnaP no estaba convencida de asistir a la marcha. La democracia la perdimos apenas elegimos al actual gobierno, alegó, desde ese momento, solo buscan acomodarse, perpetuarse, secuestrar el poder. Aparte, agregó, como que poco se logra con estas marchas, y si no lo hace con su plan B, ya se inventará otro plan con tal de quedarse en la silla.


No le falta razón, obvio. Estoy seguro de que el actual presidente no decidirá que ahora es el momento de escuchar otras voces, no solo las que lo alaban, las que se doblan ante él, las que le contestan todo en afirmativo. Es el faraón decidiendo que el pueblo egipcio se merece otra pirámide en honor a su glorioso gobernante.


Mañana, regresaremos a trabajar, a estudiar, a producir, a pagar impuestos que parece solo sirven para levantar más vallas, a pasarnos fotos y videos del zócalo atascado a través del Whats, a ofendernos de los números que dé el actual presidente de los participantes en las marchas, a oír sus insultos envueltos en su sonrisa socarrona, a escribir un resumen de lo que fue nuestra marcha.


A escuchar sus descalificaciones de quienes marchamos. Incluyendo, por supuesto, de mis jefes.


“He estado pensando mucho en ti” me dijo mi papá en medio del recuento de su día de protesta cívica.


“¿Acerca de…?” le pregunté.


“De que hace mucho que no te digo lo mucho que te quiero” me respondió.


“Yo también te quiero mucho Pa” le dije después, antes de colgar.


Es la verdad, lo quiero mucho.


Anda facho, descalifica eso.

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