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  • Miguel Esteva Wurts

Aladino



Me sentía del nabo. A finales de de la semana pasada, Nico se arrastró un catarro que tuvo a bien contagiarme. No anduve tan mal el fin, me dolió la garganta pero no era nada que un jarabe naturista sabor ‘Bordo de Xochiaca’ no aminorase. Pero la noche del domingo dormí pésimo, y ayer lo único que quería (después de sonarme y sonarme y toser y toser) era hacerme bolita, acurrucarme en alguna esquina y esperar a que alguien apagara la luz.

“Tu tranquilo” me dijo AnaP frotándose las manos, más que lista para practicar su brujería. Aparte de que ella sí usa agua hervida, sus encantamientos son sacados directo de los (santos) manuales de La Santa Inquisición. “Una amiga me lo recomendó” me dijo sin revelar el nombre de la ‘Recomendadora’, seguro otro miembro activo de su pequeña Asamblea Local de Brujas (ALB). Le recomendaron un artilugio, en venta en la farmacia de la esquina, que asemeja la Lámpara de Aladino pero labrada del más fino plástico azul en alguna orfebrería local de quinientos mil trabajadores en alguna provincia China. La cosa es que después de tenerme trapo en la cabeza respirando el vaho de un potaje que hervía sobre la estufa, me dijo, sonrisa en boca, que el agua (ya tibia y aderezada con polvos mágicos) dentro de la lámpara azul de plástico, había que empinarla por un orificio nasal para que saliera por el otro. “Te limpia” me aseguró, mostrándome las instrucciones, de esas que vienen traducidas del Mandarín de la Dinastía Han directo a un inglés cuyo fuerte es la falta de verbos y coherencia. Las instrucciones también cuentan con la imagen de una mujer practicando este ritual, Lámpara de Aladino ‘made in China’ empinada por orificio nasal A, chorro de agua saliendo del orificio nasal B, dando la impresión de que era la hermana bigotona del doctor Fu Manchu. Con la mente sudada, ojos vidriosos, y cuerpo en pleno deterioro, no estaba yo para andar negando nada a esta sobrina del Santo Inquisidor Torquemada, miembro activo de la ALB.


Admito, amanecí mejor, dormí bien, mi nariz dejó de ser la fuente de la eterna mucosidad. No obstante, y sin importar mis argumentos, hace rato escuché la voz de mi mujer repitiendo, “te toca otra limpia” con la carcajada rigurosa de la ALB. Así que aquí me tienen.