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  • Miguel Esteva Wurts

Al borde del invierno


Hoy, 29 de septiembre, es día de mi Santo. San Miguel Arcángel. No, no lo celebro. No entendería para qué.


Festejar el día en que el Arcángel Miguel mandó a Lucifer al infierno es cómo celebrar el día en que Harry Potter (¡¡¡spoiler alert!!) triunfó sobre Voldemort. Aun así, siempre felicito a Miki y a mi Papá, porque después de todo, ya no tenemos que andar con el problema de Voldemort provocándonos al mal. Igual hubo festividades: AnaP me abrazó en la mañana, mi suegro me marcó por teléfono, hubo el riguroso intercambio de textos con mi hermana a quien correspondo enviándole uno el día de su santo que es el 4 de noviembre, cuando se celebra a San Carlos Borromeo.


No sé que hizo Carlos Borromeo para merecer su santidad, pero sí sé que San Miguel, también conocido como el Arcángel Miguel, fue quien expulsó a Lucifer del cielo, enviándolo patitas por delante al infierno. Me encantaría conocer a los testigos de aquella lucha, seguro igual vieron a los Titanes griegos. También sé que San Miguel se celebra el 29 de septiembre porque es el día de Michaelmas, que corresponde (maso) con el equinoccio de septiembre, fecha cuando la obscuridad de la noche le gana en horas a la claridad del día. Antes Michaelmas era una celebración especial, la gente se juntaba, comía, celebraba. Tiempo de cosecha. En ciertos países europeos era una de las celebraciones trascendentes y todos aprovechaban para ponerse hasta las chanclas, comer, cantar y compartir. Antes de Netflix, pues.


Ya pocos se acuerdan de celebrar Michaelmas, ni tampoco al arcángel. Halloween ya le ganó mercado, y por mucho. Acá las tiendas (y cuando digo ‘tiendas’ me refiero al Home Depot) ya están llenas de plástico, del ‘Made in China’ alusivo a la fecha de la noche de brujas. El por qué alguien quisiera comprar un hombre lobo de tres metros elaborado con el más fino plástico y con luces rojas iluminando colmillos y ojos, me rebasa. Desde hace un par de semanas ya hay casas cuyas entradas se iluminan de negro y naranja, tumbas de plástico ‘enterradas’ en jardines, brujas estampadas en troncos de árboles, fantasmas de plástico (obvio de plástico) flotando sobre los techos. Visualizo despensas llenándose de dulces atascados de azúcar y a las grandes farmacéuticas frotándose las manos y regocijándose ante futuros ejércitos de diabéticos.


Antes era Michaelmas, ahora es Halloween. Todo cambia. Es como es.


Para los abuelos, celebrar el día de su Santo era importante. Hace rato que hablé con mi papá, mostró cierta nostalgia con respecto a que antes, el día del santo era mucho más trascendente. Ahora ya casi solo lo celebran en los pueblos. Estoy seguro de que hoy en la noche en San Miguel Regla, mis papás no podrán dormir gracias a los cohetes y a la fiesta que habrá… ok, mi jefe se quitará los aparatos de sonido y dormirá como si nada, será mi jefa quien de vueltas en la cama y verá despierta los fuegos artificiales. Hubo unos años en donde en San Miguel Regla hacían corridas tipo Pamplona, bardeaban la calle que va de la hacienda a la presa, soltaban tres becerros, quienes, con cara de no estar enterados de que ellos eran el show, corrían persiguiendo a los tres o cuatro chavos quienes se lanzaban frente a ellos. Creo que la Pamplonada ya no la hacen en San Miguel Regla: entró un gobierno de esos que son diferentes pero iguales y prefirieron hacerse unos tacos de aquellos tres becerros en vez de tener corridas.


A lo que voy, repito, es que las cosas cambian.


Todo esto porque hoy en la mañana empecé a ver un video en donde una representante de la cámara de diputados española fustigaba a la que allá es la actual Secretaria de Salud con respecto a la definición de lo que es ‘ser mujer’ para efecto de someter alguna legislación, que es un debate que en estas latitudes se está dando: políticos arrancándose los pelos que porque si Fulanito debe, puede o no, ser considerado como mujer. ¿Yo qué sé? Si Fulanito quiere ser catalogado como mujer, ¿quién soy yo para negárselo? Lo que no procede es cuando los legisladores intentan legislar lo concerniente a nuestros cuerpos, buscando dividir con definiciones. En Irán, la ley hizo la distinción, y ya ven. Ni se diga en Afganistán. La representante española razonaba muy apasionada desde la tribuna, pero neta, me aburrió. Era como ver a alguien argumentar de que la espada negra que cuelga en la cripta de Monte Sant'Angelo, Apulia, es, en realidad, la espada del ‘líder supremo del ejercito celestial’. Vamos, seguro habrá quien lo crea y defenderá su posición hasta cansarse. Whatever. Uno pensaría que hay cosas más interesantes que debatir, como por ejemplo, si los taquitos de los becerros flacos de San Miguel Regla van mejor con salsa roja de jitomates tatemados o con una verde cruda.