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  • Miguel Esteva Wurts

9 minutos 44 segundos


A mi héroe.


Nueve minutos con cuarenta y cuatro segundos de lectura esencial, importante, urgente. En plena pandemia. España necesita pedir perdón por lo que los Conquistadores hicieron hace 500 años, ‘or else’. Lee cada palabra de su ridícula exigencia y agrega, igual quedaron a deber lo del estacionamiento de tanta carabela atracada en el Puerto Jarocho.


9 minutos 44 segundos. Eternos cuando uno escucha la lectura en tiempo real con eso del frio, las pausas… por dios, las pausas… el ritmo, el melodrama. Pero, pues allí dentro de Palacio, ni cómo adelantarle al video. Hay que escucharlo completo.


9 minutos 44 segundos, un suspiro si estás pescando tus últimas bocanadas de oxigeno en un respirador. Pero eso no importa, no con el perdón y el penacho de por medio.


En 9 minutos 44 segundos en México habrán, cuando menos, 60 nuevos contagios del Covid19, morirá poco más del 8 por ciento de ellos. Habrá, muy probable, un homicidio doloso. Igual, muy probable, durante el transcurso de tan trascendental mañanera, habrá un feminicidio.


Maso.


También nos deben lo del peaje de las casetas, lee, doble con lo del peso de los caballos y sus armaduras.


9 minutos 44 segundos. También fue lo que duró la llamada de ayer en la tarde, de esas de las que nos previenen pero para las cuales nunca estamos listos. Momentos en que nos pescan con la guardia abajo. A ver &/%$, empezaron, tenemos a tu hija. Gritaban, hacían alharaca, distraían - ya saben, el mismo choro: distraían. En el fondo, escuchó el chillido de una mujer, Pa, aullaba, Pa. Seguido por un, cállate pendeja que te metemos un plomazo. Casi nunca contesta su celular. Casi nunca. O no lo escucha, o prefiere ignorarlo. Hay pocas cosas urgentes. Trabajaba en el jardín, regando, podando, deshierbando, lo que le gusta hacer pues, lo que la pandemia le permite. Un lujo trabajar en el jardín, entiende, un lujo. Era un poco pasado el mediodía, la comida meciéndose en su estómago, incitando al sueño. Es que era su voz, dice, era la voz de mi niña gritándome, pidiéndome ayuda. Hay veces que prefiere no usar sus audífonos, los que usa para oír mejor, escoge el silencio de su imaginación, dejar correr su propio soundtrack con sus recuerdos. Ocho décadas y media de memorias de donde escoger, y mientras saca hierbas, de esas que nunca mueren, se acordaba del incidente de la Avalancha®, de cuando su niña era poco más que una bebita, de como hubo que actuar rápido para que la cosa no pasara a mayores. Actúo muy rápido, no pasó a mayores. El incidente se convirtió en anécdota familiar, él en héroe. 9 minutos 44 segundos. A tu hija la tenemos acá así que imagina nomás lo que le vamos a hacer, lo amenaza la voz en el teléfono. No importa cuántas veces se ha repasado la posibilidad de este tipo de llamadas, es hasta cuando te toca que te enteras como vas a reaccionar, como es que te altera. Bajo los rayos del sol, el frio de la tarde, las imágenes que recorren su mente, así, de la nada tiene que decidir: es un secuestro de verdad, o una extorsión al azar. Su niña. Ándale cabrón, cáete con la lana. Pa, Pa, le suplica la voz. Es su niña, esa voz no puede ser de nadie más que de su niña. Vámonos al banco pero ahorita, le grita a su esposa.


Todo se aglomera: los nervios, las llaves, la bolsa, el volante, la adrenalina, cada latido de su octogenario corazón, la voz del teléfono que no se calla.


La prudencia, el frio, el tapabocas, la pandemia, el virus maldito, todo pasa directo a segundo, tercer, cuarto plano. Su niña.


Es México, parecen decirte, la forma importa más que el fondo.


¡Checa cómo exigimos el perdón, el penacho, las plumas, la manga del muerto! Con eso distraen. Pero paga, te ordenan, tu paga y cállate.


9 minutos 44 segundos.


En Palacio, la lectura concluye - Lo del peaje de las casetas Veracruz-México, es acumulado Mi Rey su Majestad su Señoría su altísima serenidad su sin pecado concebido, así que a la disculpa que exigimos, agréguele dos lingotes…. en aras de un mejor futuro, ¿comprende?


Afuera, la violencia, los muertos, los fifis, los chairos, la falta de oxígeno.


Todo distrae.


Ojalá hubiera un infierno para que allí se pudran quienes intentaron extorsionarlo. Intentan extorsionarnos.

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