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  • Miguel Esteva Wurts

Diario - 17 al 23 de mayo


23 may 19 - toga

Ayer fue la graduación de Miki de la High School. Fue en el auditorio de la universidad de Trinity. Como dice AnaP, nos emperifollamos. Salimos de la casa temprano para encontrar un buen lugar donde sentarnos. Ya estaban Carolina y Michael dentro del auditorio, nos tenían reservados lugares usando el viejo truco de poner mascadas sobre los asientos.

Tuvimos suerte. Tres minutos después de que nos sentamos, hubo un pleito entre un par de señoras que porque una postró su inmenso trasero en un asiento reservado con folletos. Cómo hubo empujones, malas palabras y amenazas, el pleito fue de llamar a la policía, así que por lo menos tuvimos entretenimiento mientras daban las 7:00pm, hora en lo que los graduados, de toga y birrete azul cobalto, bajaron desfilando justo a nuestro lado. Cuando pasó Miki, todos gritamos “Miki” pero ni caso nos hizo. El MTM, mi sobrino, sí nos sonrió. Los dos se veían muy guapos, todos estábamos muy orgullosos. Cinco de sus compañeros hablaron, dieron discursos breves y al punto. Mi sobrina mayor los criticó. No dijeron nada trascendente, me dijo. Pero a mí me gustaron sus discursos. Luego llamaron a los 376 alumnos, uno por uno, a recibir su diploma. Mi mamá equiparó la lectura de esta lista como la antesala del purgatorio. En el turno de Miki, todo gritamos “Miki”, pero no nos volteo a ver. Terminó el evento, y de repente, allí estaba Miki, abrazándonos fuerte, emocionado, pero con ganas de irse a la fiesta que les organizaron a los graduados en un rancho y de la cual regresó a las 3:00am.

Fiel a su costumbre de despojarse de sus pieles cual víbora, la toga la tiró sobre una silla. En un rato, su mamá le gritará “Miki”, el refunfuñará, la recogerá y la tirará en algún otro lugar.

22 may 19 - coro

Ayer fuimos a una celebración religiosa en honor a la generación de Miki, evento que anunciaban como multi-sectarial (es decir, incluyeron muchas religiones) por lo que me prepare mentalmente porque asumí que habría un sacrificio al sanguinario de Huitzilopochtli. Allí estaba el altar y todo, pero me quedé esperando.

A pesar de esta omisión, la celebración, a la cual le tenía flojera, estuvo bien. Consistió en tres o cuatro cantos del coro de la escuela, otro par de un grupo musical de esos como los que de vez en cuando tocaban en misa de once en la iglesia de Tlacopac, excepto que en esta había piano, batería y una mujer que cantaba alabanzas en vez de cantar la de que color es la piel de dios.

Hubo lecturas. Una rabina leyó algo del Antiguo Testamento, pero no me pude quitar la imagen de que previo a la lectura, estuvo rayoneando el Nuevo Testamento escribiendo “Fake News”; un padre Católico dio una bendición que no muy entendí por su acento plagado de Guinness; y un “reverendo” nos leyó algo que ya se me olvido. También hablo un “keynote speaker” uno de esos personajes que ahora están de moda como motivadores y que cuando terminan de hablar estás dispuesto a auto inmolarte. Tomó el tema de que hay que chambear para conseguir algo, y lo machacó de distintos ángulos. Divertido, pero largo. Le perdí el hilo cuando habló de su fe.

En el atrio de la iglesia conocimos a la “amiga” de Miki, con quien a ido a los dos bailes este año. De graduación, ella le regalo una Coca-Cola mexicana, así que bueno, allí la dejo.

El problema es que yo andaba distraído con el vestido que estaba usando AnaP, un pedazo de tela entallado que acentuaba todas sus curvas y desviaba mis pensamientos.

21 may 19 - chocolates

En la graduación de la secundaria de ayer, mi Gusano habló ante cómo 600 espectadores que atiborramos el auditorio de la escuela, en inglés primero, luego en español. Fue uno de los seis que hablaron, aunque los otros cinco solo lo hicieron en inglés. A quienes ya no cupieron dentro del auditorio los mandaron al gimnasio de niñas, donde vieron una transmisión en una pantalla. Al igual que yo, Agus estaba que se lo trinaban los nervios, pero lo terminó haciendo muy bien. Muy. Empezó citando de Forrest Gump, de cómo la mamá de Forrest siempre le decía que la vida es como una caja de chocolates, nunca sabes que te va a tocar, que la vida es una sorpresa. Habló de cómo, cuando llegó a Alamo Heights, tenía sus aprensiones, sus miedos. Habló de ese niño mexicano de tercero de primaria que cayó de sopetón en una escuela enorme, con acento, sin amigos, sin conocer ni la lengua ni el ambiente ni los modos ni a nadie. De cómo se integró, de cómo fue adoptado, de cómo ha aprovechado las oportunidades: aprender a hablar francés, tocar el violonchelo, jugar al fútbol, hacer amigos.

Habló como es él. Respiró profundo, se arrancó y ni quien lo detuviera. Empezó con un par de chistes. La gente se rió, él se relajó. No se aceleró, cada palabra la pronunció en lo que él dice, es un acento muy marcado. Pero no hubo nadie que no entendiera su referencia a la mamá de Forrest Gump, a su caja de chocolates. Del evento, salió acelerado pero desguanzado. Hoy me admitió de que no se acordaba de cómo le había ido en su examen de matemáticas de ayer de los nervios que traía de tener que hablar. Pero lo hizo muy bien. Muy.

Tuve mucha suerte con este chocolate.

20 may 19 - discursos

Hoy le toca al Gusano dar un discurso en su graduación. Lo dirá tanto en inglés como en español, así se lo pidió el subdirector la escuela quien, aparte de perseguir chamacos por los pasillos de la escuela con un silbato, también la hace como maestro de ceremonias.

Desde que le avisaron qué le tocaba hablar enfrente del auditorio, 600 en total, compañeros y papás, escribió sus palabras. Lleva días puliéndolas. Ayer me lo encontré frente el espejo, practicando en voz alta. Empieza su discurso con un chiste, que a mí se me hace gracioso y valiente. Si lo dice con voz fuerte, todos se reirán, y se le disiparan los nervios.

Hace dos años le tocó a Nico dar ese mismo discurso. Nico desprendió sus palabras del poema “Invictus” de William Henley, palabras con las cuales Nelson Mandela sobrevivió en la cárcel: Eres el dueño de tu destino, el capitán de tu alma. Hubiera disfrutado más al escuchar a mi hijo, pero yo estaba muy nervioso y solo pude filmarlo. Acabo de volver a ver el video, y me queda claro que habló muy bien, claro y conciso, y, si estaba nervioso, supo controlarse, porque yo, apenas.

Ayer en la tarde, Miki, como capitán del equipo, dio un discurso de despedida en el banquete de su equipo de tenis. El papel donde lo imprimió, está aquí en la cocina donde trabajo, doblado mil veces, las esquinas arrugadas, el sudor de sus palmas marcado, impregnado en el papel. Pero habló con aplomo, con gracia, con mucho sentimiento. Me hizo llorar. Se paró enfrente de sus compañeros, los papás, el coach, setenta fulanos en total, y con muy pocas palabras, nos metió al mundo que creó durante cuatro años con sus amigos, a quienes ahora deja, porque ya es tiempo de irse.

Me impresiona su valentía.

19 may 19 - girl

No conocía a The National, el grupo telonero de Paul McCartney en el pasado ACL en Austin, festival al que fui con Nico el pasado octubre. Según yo, nomás escuchamos como cuatro o cinco canciones, según él, escuchamos el set completo. Solo me llamó la atención la última que tocaron, The Day I Die, con la que el cantante contorsionaba su cuerpo en, lo que me dio la impresión, evidente estado alcohólico. A Nico le llamó la atención lo bien que tocaban la guitarra -y por supuesto, las guitarras- el par de hermanos que forman parte del grupo. La tonada de esa última canción se nos quedó pegada hasta después del concierto.

Gracias a Spotify nos fueron cautivando sus canciones. En realidad, Nico fue quién me las introdujo, y nos hemos adentrado al pegajoso, desordenado y elaborado sonido del grupo, con su neurótica, desesperada y moderna letra.

Acaban de sacar su último álbum, I Am Easy to Find, que mientras escribo, lo utilizo de fondo musical, y que estoy seguro de que escucharé varias veces hasta poder repetir nada, porque mi talento musical para acordarme de la letra de las canciones es nulo, se perdió en mi adolescencia con Yellow Submarine.

Con todo las rolas que tienen, porque han sacado cómo ocho álbumes, siempre regreso a I Need My Girl. Sin darme tiempo de pensar, la letra de esa canción me remonta a cuando me peleo con AnaP, a cuando nos separamos, a cuando se forma una brecha entre nosotros, a lo mucho que quiero estar con ella, a lo mucho que me gusta estar con ella, a cuando las cosas no me hacen sentido cuando nos distanciamos. Como dicen en otra canción, no es que no pueda estar solo, solo que cuando lo estoy, no sé que hacer con mi tiempo.

18 may 19 - árbol

Tenemos una amiga, Margarita, mamá de un amigo del equipo de futbol de Nico, que es de esas personas que tienen el super poder de transmitir paz y confianza con solo pestañear y sonreír, artista ella, quien con la colaboración de cientos de personas de todos los ámbitos de la vida, jóvenes, ancianos, maestros, alumnos, artistas consumados y neófitos entusiastas, creó un árbol de la vida enorme de troncos de tubos metálicos que plantó al sur de la ciudad en una explanada creada específicamente para su obra a un lado de Misión Espada, una de las misiones construidas a principios de 1700 por los conquistadores españoles en su afán de convertir, pero también de defender a los indígenas de los Apaches que los aterrorizaban, misiones que forman parte del acervo cultural e histórico de esta ciudad y, a pesar de enfrentarse a cierta reticencia por parte de algunos de los tejanos locales porque no vaya a ser que nos quiten lo tejano, fueron nombradas como patrimonios de la humanidad por la UNESCU. De este árbol metálico cuelgan de sus ramas, cual hojas de barro plagadas de amor, más de setecientas obras de barro creadas por los diversos artistas de distintas aptitudes, como el amigo de Nico, hijo de Margarita, quien nos presumió la que había hecho con su mamá, un San Francisco de Asis que en su base tiene dibujado el contorno de una lágrima de su abuelita cual si fuera vista a través de un microscopio.

Margarita nos invitó a la inauguración, aunque estoy seguro de que ella preferiría llamarle bautizo, porque un árbol nace, y éste nació gracias a su brillante esfuerzo, así como el de sus múltiples colaboradores.

Hicimos una larga cola para abrazarla, felicitarla. Como el árbol, su sonrisa, su abrazo y sus gracias se sienten genuinas, atiborradas de amor.

17 may 19 - Sony

Acá se acostumbra a que a los chavos, hijos de amigos o amigos de tus hijos, cuando se gradúan de la prepa, se les da dinero y un regalito. Mi hermana ya nos lo había avisado, pero como somos contreras, no hicimos nada al respecto.

Ayer llegó Carolina a darle su regalo a Miki. Ella llevaba días persiguiéndolo, pero los horarios de mi hijo estos últimos días han estado muy complicados, entre exámenes, fiestas y que están presionados con terminar el cohete que van a lanzar el próximo mes, hay veces que no llega a la casa sino hasta entrada la noche. Bueno, eso y que mi hermana se carga una agenda social interesante, nomás no coincidían.

Total, ayer ya le pudo dar su regalo. Le dio dinero, una toalla con su nombre bordado para que nadie se la ande volando ahora que se va a la universidad, y el que fue mi radio/alarma/reloj despertador durante mis cuatro años en la universidad, un aparato color perla marca Sony, con números digitales azul cerúleo, y que compré en el Sears del Barton Creek Mall en Austin hace 34 años por, si mal no me equivoco, 19.99 dólares.

Al aparato lo golpee mil veces para apachurrar el snooze, botón ideado por el mismísimo Satanás para hacerme llegar tarde a clases, y sobrevivió.

Cuando acabe la universidad me encontré con Carolina en el Midway Airport en Chicago. Manejamos el Mercedes 190 hasta San Antonio, coche que atiborré con todas mis pertenencias, entre ellas, él Sony. Por la cantidad de cosas que traía y que ya no cabían en el vuelo, dejé el Sony con mi hermana.

Lo uso en su recámara durante treinta años. Treinta. Está como nuevo el aparato.

El regalo me rompió el corazón. Más le vale a mi pequeña víbora cuidar el Sony.