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  • Miguel Esteva Wurts

Camino al Junipero


Durante la primaria, en camino al Colegio Junípero, mi papá, en su afán de hacerla de Plaza Sésamo -entretener y educar al mismo tiempo- nos hacia cálculo mental, repasaba capitales de países y estados, y nos daba palabras a deletrear. Nuestra camioneta Renault se convertía en un juguete “Mi Alegría”, un vehículo de “aprendemos y jugamos,” pero la verdad es que el tránsito del Periférico Sur y la subida por Observatorio se hacía mucho más amena, y los veinte o treinta minutos de tráfico se nos pasaban volando. Solamente hacíamos un breve receso en nuestro reto matutino cuando pasábamos por la salida de San Antonio del Periférico, donde saludábamos a un policía de los de motocicleta, a quien apodamos el “Calacas Rodriguez”, y quien nos saludaba con una valiente sonrisa a través del humo de los escapes de los coches.

En quinto año de primaria empezamos a hacer ronda con unos compañeros que vivían a unas cuadras de la casa. El tener a terceros viajando con nosotros no detuvo el que mi papá nos siguiera preguntando sobre como deletrear almohada, zanahoria o suceso, o de preguntarnos por las capitales de Coahuila, Colombia y Checoslovaquia. Hace unos años, cargando gasolina justo afuera de Avandaro, un desconocido que viajaba con su familia, me preguntó por un lugar para comer. Hubo algo en su manera de hablar que me remontó a aquellas rondas, y antes de darle mis recomendaciones culinarias, no pude más que preguntarle, ¿Eres Jerónimo del Junipero, cierto? Como vivimos en días en que no quieres que nadie extraño te reconozca, me miró con cierto temor hasta que le dije mi nombre. Yo era compañero de clase de su hermana, él iba un par de generaciones debajo de la nuestra. Suspiró, y tronado de la risa llamó a su esposa y le dijo, “¿Te acuerdas que te he platicado de porque me sé todas las capitales? Bueno, fue su papá quien me las hizo aprender.” Ya no pasó a más, le recomendé un restaurante cerca, el sé fue a comer, pague la gasolina, y nos separamos sin intercambiar teléfonos ni direcciones de correo electrónico. Así sucede de vez en cuando.

Sin embargo, antes de repasar capitales, deletrear palabras o hacer cálculo mental, e inclusive antes de pasar a la calle de Arturo a recoger a Jerónimo y a su hermana, apenas nos trepábamos al coche, mi papá nos ponía a rezar, primero un padre nuestro, luego el ave maría y luego, en una letanía que recitábamos casi cantando, pedíamos por conocidos quienes habían muerto. La lista no era larga, incluía a mis abuelos, a mi tío, a mi tía, a un par de primas a quienes no conocí, y por Claudia y por sus papás, una compañera de mi hermana mayor de primero de primaria que perdió la vida en un accidente de carretera. Creo que mi hermana mayor aun tararea la lista de memoria. Durante muchos años la lista no varió, la cantábamos, cerrándola con un “amen” que catapultaba a mi papá a preguntarnos la capital de Uruguay.

Me acordaba de esa lista por David, el amigo de mis tres hijos cuyos padres murieron hace menos de un mes en un horrible accidente automovilístico, y de quien escribí la semana pasada, en “Karate-Do”.

Agrego que David, quien está en su último año de preparatoria, fue adoptado de emergencia y con el corazón abierto por Anne y Paul, la familia de su mejor amigo de la escuela, quienes han hecho un esfuerzo sobrehumano para hacerlo sentir como en casa, sabiendo en realidad, lo imposible que será el replicar los detalles que hacen una familia y de cuyos recuerdos le llegaran a David en ráfagas inesperadas, sin tener con con quien compartir esas memorias. Quizá por eso, entre sus deseos, David les pidió a los Krause que lo sigan llevando a la iglesia donde oficiaba y trabajaba su padre, donde se siente acogido por más amigos que conocían a sus papás.

La familia de David vivía modestamente, el papá era ministro en la Iglesia Metodista China de San Antonio, sin ingresos adicionales. Ambos padres murieron sin seguro de vida, ambos intestados.

No ha sido fácil: justo antes de que empezaran clases, ayudados por un contingente de amigos de la escuela, David fue a limpiar el departamento donde vivía junto con sus papás. Para evitar el que el chavo tuviera que decidir en ese momento con que quedarse y que echar a la basura, rentaron una bodega en donde guardaron todas sus pertenencias. Su nueva familia entendió que cada cosa material conlleva para David un valor que está encerrado en su corazón.

Aun a pesar de que la comunidad entera ha ayudado, los gastos para la familia Krause se han incrementado, aunado al hecho de que David está a un año de irse a la universidad, donde está decidido estudiar arquitectura.

Esto, por tanto, es un llamado a donar, a quienes puedan o quieran. Lo pueden hacer a través de Venmo (Anne Krause FBO David Huo,) o bien, pueden enviar un cheque a nombre de “Anne Krause FBO David Huo” a Anne Krause/David Huo, 45 NE Loop 410 #245, San Antonio, TX 78216, E. U. A. Para quienes son tan mensos como yo, Venmo es un “app” que pueden bajar a su teléfono inteligente, de donde pueden hacer transferencias de su cuenta de banco a una cuenta específica. Funciona. Es segura. Más no me pregunten.

A mis hijos, cuando estaban en primaria y los llevaba a clases, les contaba cuentos, platicábamos, pero también les repasaba las capitales mundiales a pesar de que admito que no me aprendí las capitales de los países que se separaron de la Union Soviética, ni tampoco de la mayoría de los países africanos. También hay algunas otras capitales que se me han perdido en la memoria. Sucede.

David ya no tiene padres, solo los guarda en sus recuerdos. Que más quisiera uno que fuera al revés, que todavía tuviera padres con quienes seguir haciendo recuerdos. Pero ya no es así. Ahora solo nos queda el apoyarlo, nosotros, quienes estamos cerca y lejos, para que cuando le toque a él, pueda irle preguntando las capitales mundiales a sus hijos mientras los lleva a la escuela.

Abajo transcribo el texto (en inglés) del la petición que se hizo hace unos días para recaudar fondos.

Gracias

RE: You can be a hero for David Huo!

Dear Friends,

You have likely heard that one of our own in the Alamo Heights school community, David Huo, was seriously injured and lost both of his parents in a tragic two-car accident in West Texas near Ballinger on July 31st. He doesn't have any relatives in the United States, so Anne and Paul Krause very graciously opened up their home to him so he can complete his senior year at AHHS.

David's father, Newman, was the pastor at the Chinese United Methodist Church of San Antonio, and his mother, Tina, was a school teacher in China. David was their only child, born in Ohio and living in the AH school district since he was in 8th grade. His parents were of modest means and did not have a will, life insurance, etc. There may eventually be some state benefits and liability insurance proceeds from the accident at some point, but it's not certain when or even if those might be available to meet David's significant financial needs, most notably the cost of pursuing his dream of studying architecture. He is a very dedicated and gifted student.

Many have asked how they can help David, so a custodial account has been set up at Frost Bank so people can make a contribution for his benefit. The funds in that account will be used for David's incidental needs this year and his college-related expenses thereafter.

You are invited to join us in helping to fund this account for David. Contributions can be made privately via Venmo (Anne Krause FBO David Huo), or you can send a check (made out to “Anne Krause FBO David Huo”) to Anne Krause/David Huo, 45 NE Loop 410 #245, San Antonio, TX 78216. We also encourage you to spread the word to others who may wish to participate.

With your support, David feels much less alone. We can't replace what he has lost, but together we can certainly help ensure this bright young man's future.

Your Friends,

Patricia & Tad Bowen

Ana Patricia & Miguel Esteva

Susana & Rene Euresti

Bonnie & Wade Giddens

Carolina & Mike Morell

Sabrina & Raul Rios

Jenny & Mike Villa

Bill & Shelley White

P.S. An anonymous donor has generously offered to match up to $10,000 of the contributions made. Donate today and your gift will be doubled!