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  • Miguel Esteva Wurts

De ajedrez y crossfit


Mi mamá recomienda “adelantar peones” cuando estás estancado durante una partida de ajedrez. En palabras de AMLO, “con todo respeto”, pero creo que no es un buen consejo, aparte de estar en directa contravención del “no dar paso sin huarache” que aconseja mi papá.

Lo único que queda claro es que toda plática con un psicoanalista debe de empezar con ese preámbulo: “mi mamá”. Cualquier rumbo posterior que tome el análisis es válido, sin necesidad, como les dice mi hermana a sus hijos, de sacar una libreta negra con todas las instancias en donde la niñez se vio afectada por las decisiones tomadas por su siempre abnegada madre.

Cabe agregar que esto no es una queja hacia mi progenitora, aun así, cuando jugando ajedrez, lo último que se debe de hacer es avanzar cualquier pieza (menos un peón que se pueda convertir en reina) sin tener una idea clara de lo que será tu siguiente movida. Por eso sorprende el encontrarse con gente quien, después de que le hicieron jaque, se levante y siga andando con su mismo enfoque.

Hace tres meses el box (box = gimnasio - somos muy mamones los crossfiteros) donde entrenaba, cambió de dueños, literal, de un entrenamiento al siguiente. Aunque dice mi mujer que no se refleja en mi barriga de barril de cerveza, llevaba yo yendo lunes a viernes durante casi todo un año al gimnasio, por lo que el cambio de entrenadores y de rutina, cayó de sopetón. Nuestros ejercicios eran comandados por Lufe, un chileno exiliado a Texas por via del matrimonio, y quien establecía una rutina con base a observar nuestras deficiencias (bueno, no las mías en particular, que si no, nunca hubiera ni sabido por donde empezar) adecuando los ejercicios para corregir los movimientos. Cabe aclarar que los movimientos requeridos por el crossfit, no son solo de levantar pesas y de fuerza, sino también incluyen movimientos de equilibrio y de gimnasia, mismos que nunca han sido mi fuerte (ok, el levantar pesas tampoco nunca ha sido mi fuerte, pero por lo menos trato de llegar puntual a la clase…).

Aun a pesar de que Lufe no era el dueño del box, en términos del trabajo (porque vaya que es trabajo) que hacíamos allí, él era el supervisor en jefe, o como dice un amigo que va a otro box, el pastor y guía espiritual. Si a uno como usuario del box el cambio de dueños cayó como barra de 45 libras sobre pie desnudo, uno puede imaginar como fue la cara con la que recibió Lufe esta noticia, misma que de la noche a la mañana lo relegaba a convertirse en un entrenador más, a uno del montón, sin poder hacer lo que a él le gusta que es (hacernos sufrir) visualizar nuestras necesidades y (hacernos sufrir) dirigir los ejercicios.

Ni corto ni perezoso, el viernes pasado, junto con dos socios, Lufe acaba de abrir su propio box, y en donde, para su desgracia, masoquista que soy, me presenté a ejercitarme desde el primer día. Mientras los compañeros del box levantan pesas y hacen “pull-ups” en las barras como quien cambia la página de un libro, yo la sigo haciendo de oso panda, y nomás veo como Lufe me observa resignado, viéndome ya sea como su gran reto, o su único gran fracaso. Es una pena que con apenas cuatro clases desde que abrió el gimnasio, el flamante tapete del piso ya esta marcado con el sudor de mis nachas.

La clase a la que voy arranca a las 5:30am, lo que implica el levantarme veinte minutos antes y arrastrarme, a mi y a mis lagañas, a horas en las que hasta mi menso perro “Chorizo”, duerme tranquilo. No obstante, cuando llego, las luces del box ya están encendidas, y Lufe nos espera con una rutina de ejercicios con la que nos hará pagar todos nuestros pecados terrenales. El sudor perla mi frente desde que empezamos los ejercicios de calentamiento, sobretodo cuando la pantalla nos avisa que toca el subirse en las malditas bicicletas estáticas. Parecen inocentes, esas bicicletas, pero fueron diseñadas por el mismísimo Mefistófeles en un arrebato para quebrantar almas en el círculo infernal reservado para los del pecado capital de la gula.

Nunca se lo he querido admitir a Lufe, pero lo único que me mantiene enfocado en completar la rutina del día son los hot cakes que me esperan al llegar a mi casa (que es casa de ustedes) a las 6:45am y que mantienen las sanas proporciones de mi panza adquirida después de tantos años de chelas y de tacos al pastor.

El nuevo box refleja el esfuerzo, el trabajo y la dedicación de Lufe: las pesas en su lugar; las barras, relucientes, en su sitio; las malditas bicicletas del demonio jalándonos hacía ellas con su canto de sirenas; las remadoras; el monitor con el itinerario de trabajo del día; la pizarra en donde se anota mi siempre risible esfuerzo. Todo lo que esta en el box es el resultado de alguien quien ama lo que hace y que trabaja duro por conseguir su sueño. Sin poder preverlo, dio un paso sin huarache, y avanzó un peón porque no le quedaba de otra, y el resultado es un box de primer nivel al que únicamente queda el desearle lo mejor, aun a pesar de que, insisto, las bicicletas deberían de ser sacrificadas en una hoguera a manera de ofrenda a los dioses del crossfit.

Así que si estas en el área, te invito a que pases al box (https://www.oneplusfit.com) ya sea a ejercitarte con Lufe a cualquier hora del día, o si quieres reírte viendo un oso panda sufriendo, allí estaré a las 5:30am para una carcajada garantizada.


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