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  • Miguel Esteva Wurts

Eclipse 2017


Mi recuerdo del eclipse del 2017 se verá por siempre opacado por al aroma con el que se impregnó la casa cuando quemé las tortillas, olvidadas en el comal, ahumando la casa con olor a masa tatemada. No culpo al eclipse, por supuesto, tampoco a las tortillas quienes en masa clamaron: toda mi vida queriendo ser respetadas como alimento para acabar carbonizadas. El desastre casero sucedió cuando mi esposa y yo salimos a ver el eclipse, protegidos por unos lentes en los que invertimos la tranquilizante suma de siete dólares, y nos encontramos a nuestro vecino de cinco años de edad jugando a los cohetes -de los que van a la luna, no de los que salen de La Polar a las 2:45am- y con el permiso previo de su mamá, le prestamos los lentes de siete dólares para que pudiera observar el eclipse solar. Me hubiera encantado el ver los ojos de asombro del niño pero permanecieron escondidos detrás de los lentes obscuros. Luego salió la abuela del niño quien, con sus genes bien puestos, nos dio una lección de como detectar si es que los lentes eran piratas o no, aunque supuse que si fueran piratas tendrían, cuando menos, un parche sobre uno de los ojos.

Aparentemente los lentes no eran piratas: nadie salió deslumbrado por el eclipse.

A pesar de que los medios nos habían prometido que al sol lo iba a bloquear la luna en un 79% por estas latitudes, me quede un poco decepcionado (fake news) cuando se obscureció no más de como cuando la suegra desciende a vernos montada en su escoba. Siendo que vivo de este lado del río y -como lo reduce el primo de mi mujer- que toda la cultura actual norteamericana, desde las ideas de los grandes pensadores -Thomas Jefferson, Abraham Lincoln, Madonna- hasta las grandes hazañas -llegar a la luna, el Rock ’n Roll y poder predecir si en diez días lloverá- toda la actual cultura norteamericana ahora se puede resumir en una sola palabra: ‘liability’. Resulta que esta angustiante palabra no tiene una traducción definitiva al castellano (puede ser una de muchas palabras: responsabilidad, obligación, compromiso) pero queda mejor descrita por la frase: “responsabilidad hacia con terceros”. Esta ausencia en nuestro lingo, asumo, será porque los terceros -y sus derechos- usualmente no son nuestra mayor preocupación a pesar del legado de Don Benito. Así pues, y ante la decepción personal del eclipse, sentí la extraña necesidad de escribirle al congresista local y quejarme por la falta de oscurecimiento durante el evento.

Acá todo se puede resumir a eso: escribirle a tu congresista local para que haga algo respecto a algo. Cuando yo era todavía Chilango -aunque dicen que ‘bautizado Chilango siempre Chilango’- le Twittee (¿que tan menos ronco y mas fresco hubiera amanecido Don Miguel Hidalgo el dieciséis si en vez de gritar hubiera usado las redes sociales?) al entonces Delegado quejándome de la isla peatonal existente para cruzar Avenida Universidad, entre Viveros y Vito Alessio Robles. Para quienes no conocen, a esa altura de Avenida Universidad es donde los conductores de las micros y los autobuses la hacen de Vin Diesel (aunque intercambian barriga por biceps), y se arrancan rápidos y furiosos a la captura de pasaje, haciendo uso pleno de los de tres a cinco carriles (el número de carriles en la avenida varía dependiendo de varios factores sin que haya una explicación científica al respecto y el fenómeno es motivo de un posgrado en la Universidad) dejando, a quien quedó atrapado en la isla entre semáforos, cual pavo en Thanksgiving. La “isla” es un escalón de cemento de no mas de diez centímetros de altura por como tres de ancho -a la medida, si eres de esas mujeres chinas a las que les inhibían el crecimiento de sus pies- y en donde para sobrevivir hay que bailar cual zombi en video de Michael Jackson. Total que aunque el Delegado contestó mi Tweet luego luego, terminó haciendo nada de nada, que es justo para lo que estudió y trabajó tantos años. Entiendo que ese Delegado es ahora Diputado, cosa que como mexicanos nos debe de llenar de orgullo, el que alguien que se dedicó a hacer nada de nada de esa isla peatonal en Avenida Universidad, ahora pueda hacer mas de lo mismo, sentado en una silla mas cómoda.

No que acá, de este lado del rio, sean la gran maravilla: a estos también se les queman las tortillas por salir a ver el eclipse para dejar de hacer lo que evitan hacer. Solo que acá, como bien dice el primo, cuelga cual espada de Damocles esa maldita palabra, liability, que te hace responsable ante terceros sin salir impune y por eso los baches hay que taparlos a todo vapor y los muros construirlos a todo mecate. Por eso, resulta difícil el comprender como el líder, el que volteó sin lentes a ver directo al sol durante el eclipse, pueda decidir el tenernos al borde de una guerra en donde todos terminemos cual tortillas olvidadas en el comal, y que solo con recitar las palabras “patriotas” “héroes” y “honor militar” haga que a tanta gente se le olvide la palabra liability y decidan que es mejor ondear sus banderitas para bloquear el sol con ellas.


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