Libro Gringa del Pastor Miguel Esteva Wurts Serie Calvo 1

Ni cómo negar el desastre de su vida. A días de que Calvo cierre el changarro, de tener que regresar a ser otro ladrillo en la pared, aparece un cuerpo flotando en el arremedo de rio que corre por entre los Viveros de Coyoacán, hallado por un corredor dominguero que no deja de vomitar, y un poli con más ganas de regresar a su torta de chorizo, que de hacerla de Guardian de la Bahía.

Una viuda gringa, escondiendo su tristeza detrás de un vestido, unos tacones y un perfume que solo sirven para calentar la imaginación, contrata a un investigador que no es.

Un pastor gringo, tropicalizado hasta decir ‘virgen morena’; una casa que encierra cucarachas; un viejo abogado esperando la muerte de su esposa enferma como quien espera el sello de la ventanilla 4.

Intentando regresar a la vida, Calvo se arrastra sin fijarse en toda la mierda que pisa, en la que se le queda pegada.

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La ciudad es necia, no pide disculpas. 

No se las pide a la mujer, pronto a convertirse en otro cadáver citadino, quien cae desde el piso once de una torre en Polanco enfrascada en lo que, sin lugar a dudas, son demasiados pensamientos para una caída tan libre. 

Ni tampoco se las pide a la niña de nueve años que sin decirle a nadie, decide dejar de vivir. No quiero morirme, piensa la niña, solo dejar de vivir. Así se escapa sin que nadie la note, tragada por la ciudad que no se preocupa. 

Ni de la anciana quien intenta protegerse de las avenidas que la oprimen con sarapes y mascadas, confundida entre amores imposibles y conciencia masacrada. Ni del bloguero / artista conceptual que navega por la vida a través de una pantalla, ni del dueño de un museo, ni del reconocido artista que hace obras que solo él comprende. Menos de la abuelita que descubre los placeres de ver cuerpos desnudos en su tableta.

Tampoco, por supuesto, perdona a Calvo. 

En ese amor-odio con la ciudad, Calvo se desnuda ante ella sin convencerla. Ni borracha contigo, le insiste la ciudad, necia a pesar de su entusiasmo y evidente necesidad. Si él no la entiende, ella apenas lo tolera. 

Escudado detrás del güisqui, de sus memorias, de su inocencia, Calvo circula por las calles en el Caprice ’77, en el Metrobus y a pata, tratando de esconder sus hallazgos para desenredar el caso de la mujer voladora, arrastrando como siempre, la sombra de Rocío, su ex mujer de quien vive enamorado. 

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